Se me ocurrió subir el prólogo del libro “Nadie Fue”, de Juan B. Yofre. Las razones están más que explícitas en el contenido, que no tiene desperdicio para cualquier interesado en aquellos períodos tan estigmáticos de nuestra historia: de Perón hasta las Dictaduras, inclusive.
El libro es recto, frustrador de mentiras por la claridad y detallismo de los acontecimientos relatados, cosa que refleja la intensa investigación efectuada por el autor. Eso sin mencionar la percepción propia de una persona que observó estos procesos de cerca. El prólogo fue escrito por Bernardo Neustadt.
“La historia de una persona, de un país, es integral. Caso contrario, no es historia. Y crea una histeria colectiva de falta de verdad. Es una sociedad que sabe las cosas que pasan… y saben que pasan, y pasan, y saben. Esta sociedad fracasada con 5 millones de personas que comen todos los días y no van a tener problema de acá al final de sus vidas, no sabe por qué pasan las cosas que pasan y tampoco tiene interés en saber por qué pasan las cosas.
Estuve más de diez años de mi vida, del ‘84 casi al ’95, explicándole al país por televisión, radio y diarios, que no podían seguir en este escapismo trágico de ignorar “por qué pasan las cosas” y sumarse en la discusión permanente de las “cosas que pasan”. Los argentinos parecen espectadores. Que van a la cancha o a un teatro, o a una muestra de pintura. Ni juegan, ni actúan, ni pintan. Están pintados. Para ser protagonistas hay que saber la historia real, no dividida en pedazos: hay muertos buenos, hay muertos malos, hay fusilamientos justos, hay fusilamientos injustos, hay derechos humanos para unos, los otros no merecen derechos humanos. ¿O hay derechos inhumanos también? Se llama discriminación. En la Argentina vale mucho más un hijo de Hebe de Bonafini, desaparecido o asesinado, que el teniente general Pedro Eugenio Aramburu, secuestrado y asesinado, que la hija del capitán Viola o la hija del almirante Lambruschini, asesinada. Vale mucho menos. En el mercado argentino se cotiza mucho más una muerte que la otra. Yo estoy convencido que Arturo Larrabure, quien tuvo a su señor padre 372 días en un pozo consumiéndose con perdida de 45 kilos, que él iría a la tumba de los hijos de Bonafini, si es que murieron, o a ver a los nietos de la señora Estela Carlotto, como estoy tan cierto que estas dos señoras no irían a orar a la tumba del coronel Argentino del Valle Larrabure. Porque uno de los sectores ha perdonado, el otro no solamente no ha olvidado, sino que no quiere olvidar y no quiere la reconciliación.
Este libro tiene dos virtudes, como las tiene su autor Juan Bautista Yofre: es emocional y es razonable. En un país donde se quiere instalar la posibilidad de castigar “la sospecha razonable” para impedir que un señor ocupe una banca de diputado, como le pasó a Luis Patti, es terrible vivir. El pueblo y los gobiernos argentinos se han ocupado de practicar el escapismo trágico. “Esto no ocurrió”, dijeron los antiperonistas y quisieron borrar de un Decreto (el 4361) el peronismo y a Juan Domingo Perón. Cuando volvieron, en 1973, estaban más fortificados y más nutridos que nunca: por perseguir al peronismo consiguieron más peronistas.
Cuando Perón anunció su candidatura en 1945, un diario publicó este título: “El candidato imposible, el general Perón”. Sesenta años ya llevamos y más de lo mismo, entonces las profecías así vuelan en el aire, se pierden en la depresión del fracaso.
Después vinieron los antiperonistas ¿Y qué les paso? Le dieron la caja grande a los sindicatos: en 1969 estuve tres horas con el general Perón, ahí lo conocí, y lo acusé de haberle dado mucho poder a los sindicatos. Me dijo: “Le di poder político, pero no la caja. La caja se la dieron sus amigos liberales y los militares”. Y tenía ahí una especie de archivo de leyes y decretos y me mostró como el teniente general Juan Carlos Onganía, Francisco Manrique y Adalbert Krieger Vasena fueron los que dictaron la Ley de Obras Sociales que nos perturbó los últimos 50 años. ¿Y el PAMI y ANSES? Los dio Alejandro Lanusse, Manrique y algún otro ministro liberal que por piedad no recuerdo su nombre. Y el Prode y el juego en manos de los sindicatos “donados” por Lanusse, Manrique y algún muchacho extraviado del liberalismo.
Entonces le pregunté:
- BN: ¿Y esto por qué lo hicieron?,
- General Perón: “Querían hacer peronismo sin Perón, pobres”.
Así nos fue, cuesta abajo en mi rodada…. Los argentinos nunca nos pudimos separar del magnetismo estúpido que “el Estado” me da trabajo, me da educación, me cura, me sana, me da felicidad”, como dijo un día para ganar una elección el inmortal Raúl Alfonsín. Tan invalorable como inacabable, que nos dejó una de las 14 hiperinflaciones mas graves del mundo, y se fue huyendo seis meses antes. Un muerto político como dijeron los grandes analistas. Sobrevivió, resucitó y cuando Carlos Menem terminaba su mandato, le dio con su visto bueno la reelección, y el Consejo de la Magistratura y el tercer senador y todo a cambio de que Menem hiciera su sueño de ser reelecto.
Cuando Menem terminó llegó Fernando de la Rua. Entonces este “Fantasma de la Ópera”, Raul Alfonsin, junto con Eduardo Duhalde, ayudó a voltearlo, y lo bendijo a Duhalde para ser presidente, y ahora descubrió a Roberto Lavagna, y mientras tanto acompaña a Kirchner. Es decir un fenómeno político único en el mundo. Más que un administrador un enterrador económico, pero en el campo de la ciencia de ganar elecciones, o cargos, es un fenómeno, piénselo.
“Tata” Yofre con una enorme valentía nos explica como se usa la cobardía de ocultar parte del pasado. Levanta el telón y la gente que vivió en ese tiempo se asombra de lo que ve. Y surge de sus entrañas el “yo no fui”. Y quedan las víctimas que no pueden hablar y los parientes que no deben recordar a sus muertos porque a su vez son condenados. El coronel Fernández Cendoya que fue de uniforme a rendir homenaje por su padre muerto por la guerrilla, por los Montoneros, lo pasan a disponibilidad. En el 2006 llevar el uniforme para recordar a su padre es pecado mortal para el gobierno y para “los dueños precarios del ejército”.
Pero el autor cree, entiende, le sobra pasión que todavía hay tiempo para la Memoria Completa (M.C. que no es Mandato Cumplido), para que usted no se vaya de este mundo sin saber como empezó la película, porque generalmente a usted le cuentan el final de la film. Hay acción y hay reacción. En aquellos días oscuros yo estaba exiliado en Bruselas: entre Montoneros, la Triple A, el ERP y la presidenta María Estela Martínez de Perón me hicieron la vida imposible, ella me prohibió “Tiempo Nuevo”, y ellos me pusieron bombas y terminé viviendo en La Haya en la casa de José Maria Ruda, el único argentino que fue presidente de la Corte Internacional de Justicia. Fui testigo y protagonista del tiempo en que va transitando este libro. Yo vi y sentí.
El “Tata” Yofre resolvió que el polvo no se esconde más debajo de la alfombra, tenemos que barrer. No hay derechos humanos para unos y no para otros. No hay alguien que sufrió y otro que no sufrió. Él nos muestra el dolor de unos argentinos, para que usted los compagine con el dolor de otros argentinos. Los sume. No los reste. Ignorar la historia completa conduce a la decadencia, porque la gente sabe lo que pasa, pero no sabe ¿por qué pasa? Y alguna vez alguien dijo: “Hay países que son ricos y países que son pobres y países pobres que se están haciendo ricos y después esta la Argentina”.
Repaso las palabras al término de este prólogo. El idioma esta más golpeado que una mujer en un mal matrimonio. Un respeto total: tomo entonces el compromiso de un pensamiento que esta alojado en mi alma.
Mi país, su país, no “este país”, hace años está gobernado por patotas. Ésta democracia fingida no cura, ni da la felicidad. Con la democracia se vota un domingo, pero el lunes no está la República. Ésta es la hora del ahora para que nazca una democracia plena. Para eso hay que tener una memoria integral, integrada, integradora: Sino, como decía aquella dolorosa frase de Mármol refiriéndose a Rosas, “Ni el polvo de tus huesos América tendrá”. ¿Se refería a Rosas o a la Argentina?
Ustedes van a leer una verdad que nadie podrá disfrazar. Los montoneros, el ERP, la Triple A, López Rega, eran caníbales. Y cuando usted persigue a un caníbal y se lo come…. es también caníbal. Y eso hicieron algunos hombres de las Fuerzas Armadas. No las Fuerzas Armadas. Los Conversos de hoy esto lo saben pero prefieren la historia tuerta. Yo no.
Bernardo Neustadt
Gracias Tata.”